Improvisando sueños

Pasando por la alameda, la encontré al cabo de tanto tiempo,
y mientras me sonreía, le dije vamos a caminar,
paseamos por la laguna y conversamos de tantas cosas,
miramos juntos las flores, sin preocuparnos de los demás.

Le dije cómo te va, me dijo tú como estás,
le dije que me hace falta el calor claro de una ilusión,
me dijo que estaba sola y me alegraba con su presencia,
el tiempo pasó volando y sin sentir la noche llegó.

Dijimos algunas cosas, que provocaron más de una risa,
buscamos una estrategia, para podernos enamorar,
oímos muchas canciones, que recordaban bellos momentos,
de tiempos que eran pasado y nos sabíamos encontrar.

Le dije vamos a un bar, me dijo no sé bailar,
le dije que le enseñaba, como hace tiempo pude soñar,
me dijo que ella no frena, cuando ella quiere comprometerse,
cuando se sueltan sus riendas, no la detiene ni el mismo azahar.

Llegamos a la vereda donde se encuentran todos los bares,
buscamos un sitio alegre, donde podíamos conversar,
pedimos unos cocteles y al son del grupo que nos cantaba,
quisimos poner el cuerpo en movimiento para bailar.

No entiendo lo que pasó, pero esta mujer gozó,
sus pasos se improvisaban con movimiento tan natural,
al ritmo de sus caderas que detonaban muchas miradas,
se fue pasando la noche y la seguía sin vacilar.

La media noche llegó y fue cuando me contó,
con lágrimas en los ojos y sin mirarme, yo estoy casada,
y se nos pasó la noche y no pudimos plasmar el sueño,
para sentir un comienzo que ya marcaba su gran final.

Me desperté en la mañana durmiendo solo en la misma cama,
y sin recordar tan claro el mismo sueño que es recurrente,
en vez de prender con besos el mar bravío de esta quimera,
intento abrazar de nuevo mi misma almohada por la mañana...












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