El ruido y el estrés contamina la ciudad de Quito

Si bien es cierto que antes pitaban a cualquier hora los camiones que dejan los cilindros de gas a domicilio, ahora desde muy temprano nos molestan con su repetitiva canción que no sé si habrá sido sacada de alguna pesadilla, pero no tiene sentido cuando pasan desde las 6 de la mañana sin respetar el sueño de las personas que no pueden madrugar o se han acostado más tarde la noche anterior.  Parece que el Municipio de Quito no hace nada para controlar la contaminación por ruido y no les pone horarios a estos comerciantes para poder salir con sus parlantes a anunciar su producto a horas adecuadas.  Podrían variar el horario para circular con esta venta por lo menos desde las 8 de la mañana que es ya una hora en que casi todos están despiertos.  El Alcalde de Quito no ha hecho mucho por mejorar estos parámetros que en otras ciudades del mundo ya han sido controladas más eficientemente.

El respeto a las otras personas es un  elemento fundamental en la convivencia de los pueblos, pero en nuestro Ecuador no se practica esta premisa y siempre el que más hace bulla es el que se cree el más vivo.  Al igual que las ventas callejeras de frutas y la gente que limpia parabrisas en los semáforos, dan a nuestra ciudad un aspecto de inseguridad y desorden, pero nadie hace nada para mejorar este problema social.

Si uno conduce un vehículo por la ciudad, tiene que estar a la defensiva para que no le tiren agua en el parabrisas y se nota una fuerte agresividad por parte de estas personas, entre ellos también muchos mendigos que creen que uno tiene la obligación de darles dinero a todos los que estiran la mano en la calle.  Es mentira que nuestra ciudad ya está libres de personas que piden limosna.  Ahora muchos de ellos son de Venezuela, de Haití, de Cuba o de Jamaica.  Pero también hay muchos ecuatorianos y los que no tienen algún miembro son los más insistente y solamente salen a trabajar los sábados o cuando hay más tráfico.

Igual también las ventas ambulantes continúan en cada semáforo.  Se ofrecen sándwiches, helados y otros alimentos se ha multiplicado en los últimos meses.  Aunque ya casi nadie les compra a los venezolanos desde que salió en las redes sociales una venezolana diciendo que los ecuatorianos somos feos y machistas, ahora han salido vendedores ecuatorianos, especialmente costeños y también otros extranjeros a vender en las calles.

Más que todo el resto del año, la vida en la ciudad sigue y las ventas callejeras se multiplican.  En esta época en que las celebraciones de las fiestas de Quito y en que las ventas navideñas incrementan el tránsito en toda la ciudad, el tránsito se vuelve un caos y hay más atascamientos del vehículos en la ciudad de Quito.  Es una gran oportunidad para los vendedores ambulantes.

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