Cruzando Europa sin GPS en un auto alquilado. Desde Madrid hasta Italia

  Han transcurrido más de catorce años desde que viajamos a Europa por primera vez con mi esposa, mis padres y mi tía Fanny.  Nuestra idea era viajar en trenes y en buses.  Queríamos visitar algunos países de Europa, pero haciéndolo sin un tour pre establecido y organizando nuestro propio tiempo, de acuerdo a nuestras propias circunstancias.  Sin presiones ni horarios rígidos, para así conseguir viajar a nuestro ritmo.

Fue en el mes de Mayo de 2001, la idea era visitar al menos unos 8  países.  Pero queríamos  hacerlo sin un cronograma muy riguroso.  Sin reservas en hoteles, ni horarios inflexibles.  Para lograr quedarnos mas  tiempo en ciertas ciudades grandes como Madrid, París o Roma y una o dos noches en ciudades pequeñas como Luxemburgo.

Al fin llegamos a Madrid, que fue el punto de partida de este viaje.  Al llegar al terminal de buses de la estación de Atocha, ya eran casi las 8 de la mañana del primer lunes del mes de Mayo. Después de estar algunos días visitando Madrid.  Nos dimos cuenta de que era bastante complicado nuestro viaje por las maletas y la dificultad en buscar los horarios de las rutas de buses y trenes. En estos terminales tan congestionados, todo el mundo camina apresurado para no llegar tarde a su destino.  Se nota el estrés en mucha gente.  Las gradas eléctricas no las cruzan estáticos, sino caminando a pasos largos, casi corriendo.  Uno tiene que situarse al lado derecho de las gradas para que las personas le pasen por la izquierda.  Imagínesen nosotros con 5 maletas.  Como yo era el hombre  más joven del grupo y mi edad era menos de los cuarenta, llevaba casi siempre más de dos maletas a cuestas.  Al ver la situación tan compleja y debido a que estábamos afectados por los empujones de la multitud, decidimos alquilar un carro por los 30 días que duraría nuestro trayecto.  El alquiler al cambio de aquella época, cuando todavía se utilizaban las pesetas, era algo menos de 1500 dólares.  Como éramos cinco personas nos tocaba a $.300,00 cada uno. Era bastante conveniente, ya que solamente un boleto en el tren rápido de Madrid a París, ida y vuelta, nos hubiera costado dicha cantidad. Había en este mismo terminal una agencia de alquiler de vehículos y alquilamos un Renault Megane a diésel en una agencia de Europcar.  Nuestras maletas cabían perfectamente en el maletero y de esta forma sería mucho más fácil nuestra aventura.  Allí fijamos algunas reglas.  La primera era que debíamos buscar máximo 3 hoteles en todas las ciudades que visitábamos, para al fin decidirnos por el que nos dé el mayor beneficio.  La mejor relación de calidad al mejor precio.  Teníamos un presupuesto promedio de 100 dólares por habitación doble.

Primero viajamos el sur de España, visitando Toledo y Sevilla.  Justo en plenas Feria de Sevilla; llegamos a dicha ciudad, muy parecida a Quito,  con un Centro Histórico precioso, con sus calles angostas y sus construcciones antiguas.  En plena feria de Sevilla, visitamos las carpas en una noche de luna llena.   Su gente alegre, con sus trajes coloridos y sus bailes a ritmo de las canciones sevillanas, sus licores como el rebujo, que es una mezcla entre vino manzanilla y gaseosa y la hospitalidad sevillana, hicieron de aquella noche muy especial.

Otra regla que habíamos establecimos era que tendríamos siempre que usar el vehículo solamente hasta llegar al hotel en las diferentes ciudades y dentro de las mismas nos transportaríamos en metro, bus o taxi, para no perdernos y no tener que buscar un estacionamiento, el que casi siempre era muy costoso. En aquella época todavía no existía la navegación con GPS para los autos.  Pero con un mapa de papel de Europa, planeamos una ruta que nos permitía visitar varios países.

Luego de visitar Granada y visitar el Palacio del Generalife, pasamos por Marvella y luego tomamos el rumbo hacia la frontera con Francia.  Pasamos nuevamente por Madrid y al día siguiente avanzamos hacia Francia por la ruta que pasa por un pueblo llamado Burgos.  A mediodía buscábamos una tienda o un restaurante para comer, pero todo estaba cerrado.  Pues todos sus habitantes dormían la siesta a esa hora y no se encontraba nada abierto de 12 a 3 de la tarde.  Luego de esperar, continuamos nuestro camino, internándonos en Francia y llegando ese mismo día a Burdeos.  Descansamos la noche en dicha ciudad y luego tomamos la carretera para por fin llegar a París.  En donde estuvimos unas 3 noches.  Visitamos la torre Eiffel, el sector del Moulin Rouge, varios museos y monumentos históricos.  Luego de atravesar Bélgica, llegamos a la ciudad de Luxemburgo. Ciudad pequeña y encantadora con uno de los niveles económicos más altos del mundo.  Al día siguiente llegamos a la ciudad alemana de Nuremberg.  En donde están algunas de las mejores fábricas de juguetes y al día siguiente logramos cruzar  la frontera con Austria. Este precioso país montañoso en su mayoría está repleto del paisaje alpino, cada vez nos sorprendían más sus excelentes vías y sus grandes túneles que han sido cavados en la dura roca de Los Alpes.  Pero también nos extrañaba que no tenga ningún peaje pagado para la circulación en las carreteras.  Las carreteras estaban muy bien mantenidas y apreciábamos la belleza del paisaje circundante.  Luego de dormir un par de noches en Viena y apreciar el esplendor de sus monumentos y edificaciones,  cruzamos el pequeño país para salir rumbo a Italia.  Muy cerca de la frontera nos sorprendieron unos policías que nos apuntaban con un aparato parecido a un radar, yo no sabía lo que ocurría,  porque conducía dentro de los límites de velocidad.  Luego nos hicieron parar en unos pocos metros y como no hablábamos el idioma alemán,  nos indicaban por señas, golpeando el parabrisas, nos indicaban que algo estaba mal.  Yo pensé que me iban a multar por tener sucio el parabrisas y saqué una franela con un poco de agua para limpiarlo.  Ellos no hablaban inglés ni tampoco español, por lo que no podíamos comunicarnos para saber que era lo que ocurría.  Mi mamá me decía que el policía quizá quería cobrarnos una mordida.  Pero yo sabía que no estábamos en México..  Así que después de tantas señas,  el policía sacó un álbum con unas fotos, entre las que constaba una fotografía de la frontera con Alemania, en la que en idioma inglés se leía: “Por favor comprar una escarapela de circulación para los vehículos que van a ingresar a Austria, lo cual nosotros nunca la habíamos leído.  Por ello debíamos pagar una multa de 1250 chelines.  Los que nos pareció en principio una fortuna,  pero al cambio en dólares resultó ser solamente US$ 125,00.  Tenían un cajero automático en la estación de policía para que podamos sacar dicho dinero con alguna de nuestras tarjetas de crédito y con una gran parsimonia, guardaron el dinero dentro de una caja de seguridad que tenían en un Volkswagen escarabajo que usaban como patrullero.  Enseguida ellos escribieron a mano un recibo de la multa que acabábamos de cancelar.  Nos quedó en la memoria esta experiencia para fijarnos siempre en todos los letreros que encontrábamos en las fronteras de todos los países que nos faltaban visitar.

Muy pronto cruzaríamos la frontera hacia Italia y nos sentiríamos nuevamente como en casa en un país latino.  Ya no tedríamos que bajarnos a colocar nosotros mismos el diésel en el vehículo.  Cuando llegamos a la primera estación de servicios dentro del territorio italiano, un hombre nos ayudó cortésmente y después de limpiar el parabrisas y colocar el combustible en el coche, Con una sonrisa nos dijo: ¡Bienvenidos a la Bella Italia!

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Un comentario en «Cruzando Europa sin GPS en un auto alquilado. Desde Madrid hasta Italia»

  • Mercy
    24 mayo, 2015 a las 10:27 AM

    Muy Linda historia de gratos recuerdos.

    Gracias

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